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sábado, 4 de enero de 2014

Retazos, entrañas y espumillón





PRÓLOGO:
Rebecca

Siempre pensó que no había nacido en el sitio adecuado.
Nunca debió nacer en ese día tan caluroso; hubiera sido mejor ser Escorpio. Un escorpión es mucho más interesante que un león. Más pequeño, eso sí, pero mucho más venenoso.
Sus estudios de informática de poco le sirvieron. Ella quería ser gángster, o vedette del Moulin Rouge, o taxidermista, que no sabía muy bien lo que era pero que le encantaba como sonaba.
No debería haberse aferrado a aquella moto con aquel chico sin nombre pero con unos labios de pecado infinito. Puede que tanto amor prometido a un desconocido equilibrase una muerte tan rápida, aunque a ella le hubiese gustado más una muerte lenta, como morían las heroínas.
Lo que más sentía de haber muerto la última noche del año era no llegar a abrir los regalos de Reyes. Siempre pensó que no había muerto en el día adecuado. Lo del roscón le era indiferente, pero lo de los regalos era imperdonable.

Un golpe en la cabeza contra un bordillo puede no ser mortal, quizá demasiado prosaico. ¡Qué interesante hubiera sido caer de un caballo perseguida por un dragón! ¡O morir aplastada dentro de un Cádillac con la poli en los talones y abrazada a un asesino en serie!
En sus clases universitarias nunca le enseñaron cómo ir muy excitada en una moto sin tocarle los genitales al piloto. ¿De qué le servía ahora saber diseñar páginas web?
Siempre pensó que tendría que haber nacido dentro de una trilogía, de esas que leen millones de frikis y de las que luego hay que hacer una precuela.
En el momento del impacto recordó en su garganta la última cena hecha por su madre: tarta de salmón que sólo podía paladear en Nochevieja.


CAPÍTULO 1:
Un diálogo, un futuro, ¿una invención?

-¿Recuerdas el primer beso?- le preguntó Rebecca al hombre “X”.
-Tengo amnesia- contesto él aireando la sábana.
Ella respiró muy lentamente y se sentó al borde de la cama, mirando fijamente al Cristo de la pared. Sangrando por las sienes le decía algo que ella no terminaba de comprender.
-A mí me gustaría tener amnesia también. Olvidarse de cosas banales es bueno, tú eres la prueba-“X” se encendió un cigarro, se ahuecó la almohada y dijo -ese es tu problema, no te olvidas de nada y lo retuerces demasiado en esa cabecita loca hasta que lo acartonas, ¡y mírame a la cara cuando te estoy hablando!-
Rebecca no hizo caso, no quería mirar esa cara, ni esa cama que olía y rezumaba a tantos recuerdos podridos. El pobre crucificado no se parecía a William Dafoe.
-¡Levántate de la cama para fumar!, ¡un día saldremos en el Telediario!-
Odiaba decir frases así que había oído tantas veces a su madre decir a su padre, pero siempre se daba cuenta demasiado tarde, cuando ya se habían escapado y estaban empapadas de saliva.
-¿No dices nada?- Ahora sí que Rebecca le miraba a la cara. Será tu amnesia y se te ha olvidado hablar… y pensar.
“X” roncaba como un oso con el cigarro encendido.
Ella se levantó, se puso las bragas y el sujetador y salió sin hacer el más mínimo ruido. Las llamas hicieron el resto.


CAPÍTULO 2:
Un puzle sin esquinas

¡A ver a que hora vas a volver!
Su madre no entendía la adolescencia perversa e infantil que ella quería vivir. Si eran las 00:00 cuando salía por la puerta ¿a qué hora tenía que regresar? Lógicamente estaba obligada a ver amanecer. Muchos amaneceres se había quedado sola sentada en el césped del cerro, simplemente por el gusto de sentir mucho frío y luego llegar a casa, con los labios violáceos, y meterse desnuda bajo las mantas, como un guisante bajo cien colchones. Hoy no haría eso, hacía demasiado calor y la operación no tendría el mismo efecto. Hoy era noche de agosto, sin prisas ni relojes, sin esquemas ni verbos feos del estilo de madrugar.
-Pobre mamá- pensó Rebecca mientras bajaba por el ascensor. Toda la vida trabajando, ¿para qué? ¿Realmente era feliz con ese marido, en esa casa, con esa hija, con esa plataforma vibratoria que se compró por la tele? Ella pensaba mucho en su madre, la sentía con esa mezcla de amor y odio a partes iguales. Pensaba que le hubiera encantado conocer a su madre de joven, hacerse muy amiga de ella, íntimas, y no tener una relación familiar obligatoria y dada por la genética. Todos estos pensamientos no sabía sacarlos a la puntita de la lengua para que los escuchara la implicada, y se quedaban flotando, cachos sueltos de ese pensamiento infinito e impracticable.
La quería porque estaba sola como ella, la odiaba porque se callaba, la amaba porque era bellísima (Rebecca a escondidas le vaciaba los tarros de potingues; ella no necesitaba las cremas que anunciaba Andy McDowell), la odiaba porque tampoco su madre sabía como hablarle (¡más culpas para la genética!), la quería porque sí, porque era su madre, por lo mismo que la odiaba.
Las previsiones de la noche no se cumplieron. Se rió sin ganas con sus amigas por no dejarlas mal (¡era tan superior a ellas en prácticamente todo!), no se pilló el pedo que esperaba (¡qué difícil le era aún controlar el alcohol!) y no se subió al coche de ningún chico. Una noche más, una noche menos, vuelta a casa con la cartera vacía, ¿dónde coño he metido las llaves?, la misma canción de siempre.
Le jodía subirse a casa de noche, tan pronto.
Se acostó muerta de calor, ¿cómo una persona tan delgada podría sudar tanto? Se quedó dormida. Se despertó abruptamente, ¿qué era ese ruido? Sus padres hacían el amor en la habitación de al lado. Siempre pensó que esto no pasaba, por lo menos a ella nunca le pasaría. No sabía qué sentir ni pensar, pero no se sentía con ganas de escuchar nada, no por vergüenza sino porque le invadió una profunda sensación de respeto.
Se obligó a dormir muy profundamente. No recordaba estar tan feliz desde hacía mucho tiempo.


CAPÍTULO 3:
Cuando todo se americaniza

Le encantaba abrir regalos. Con el tiempo le encantaría abrir paquetes, pero ahora sólo eran regalos. Toda una noche nerviosa y una posterior mañana en pie para ver un salón lleno de colores, de lazos, seis zapatos y sus padres con cara de pavos.
Cajas de pinturas, tijeras y rotuladores; un abrigo, un gorro y unas medias; la casa con jardín de esa muñeca rubia, su novio y su amante, y el VHS de la película que su madre le había grabado de la tele pero ella quería tener original.
Se le escapó una lágrima invisible, que no mojaba pero sí dolía, viendo a aquella niña que no paraba de reír y de dar besos y abrazos a esos dos padres tan jóvenes, tan guapos y tan desconocidos.
¿Estaba violando la intimidad de esa familia feliz? Suponía que no, pero no se sentía cómoda. Quería verlo todo y a la vez nada. La niña seguía riendo y ella seguía llorando sin llorar, y el agua se le hincaba por dentro. Solamente una puta gota hubiera sido suficiente para desahogarla, pero ni su propio cuerpo la ayudaba a soportar mejor esa estampa.
Hubiera preferido asistir al día de su funeral. Un funeral como el de ese cuento que le leía su padre sobre un pícaro que se inventa su propia muerte para saber quien le quiere de verdad. Nunca más se lo leería.


CAPÍTULO 4:
Could I Leave You?

Una pareja que se besa desde lo prohibido siempre está más unida. Ellos se besaban a escondidas porque les apetecía, daba mucho más morbo aunque aún no se hubiera inventado esa palabra. Lógico, era 1977.
Dentro de un armario mientras ese señor feo y serio les enseñaba la casa era muy incómodo, pero tremendamente divertido. Estaban seguros que el señor se había dado cuenta, pero no hizo nada por evidenciarles. Feo, serio y muy discreto.
-Nos compramos esta casa, y nos casamos, y nos vamos a Benidorm, y pintamos el pasillo de azul, pero no colgamos la lámpara horrible que nos ha regalado tu madre ni ponemos la perdiz disecada de mi tía- Los dos se desplomaron en el suelo hervidos en risas. Cuando se calmaron se quedaron callados y no se besaron, sólo se miraron fijamente y se quedaron petrificados. Cuando la piedra se ablandó, él la cogió de la cintura y le dijo -¿Te gusta el nombre de Rebecca?-. El feo discreto esperó sin interrumpir, aún sabiendo que tenía el coche en doble fila.


ÉXODO:
Cortar por la línea de puntos, pegar, rellenar, colorear por números

Todo ha sido un juego, demasiado fácil, pero no sabría decirlo en palabras, y mucho menos escribirlas. De este experimento no se sacan conclusiones, ni fórmulas exactas, ni se le hace daño a ningún animal durante el rodaje de la película.
Prefiero no viajar más, ni por hoy ni en esta vida. Me queda el recuerdo de “X”, de “Y”, de “Z”… soy tan facilona para los recuerdos…
Mi madre sigue comprando cosas de la televisión, y ahora también ha aprendido que puede hacerlo por internet. Sigue haciendo el amor con mi padre. Cuando muera será el cadáver más bello del mundo.

Mira que me jode no estar en el cerro ahora, Enero es el mejor mes para estar muerta de frío.

miércoles, 1 de enero de 2014

En Navidad, con la familia...

(Un matrimonio de unos 65 años está sentado en una mesa rectangular, uno enfrente del otro. La Mujer hace ganchillo y el Hombre mira al vacío con una copa de anís. La decoración es navideña, el espacio es humilde y familiar. De fondo suena el Noche de Paz una y otra vez en una pletina).

HOMBRE.-  ¿Cuándo decías que venían?


MUJER.- En un par de horas (se levanta y comienza a preparar la mesa para una cena). Andrés decía que a lo mejor había atasco y María tardará menos. Seguramente esté aquí en menos de una hora.


HOMBRE.- (Inquieto). ¿Saben algo sobre...? (cierra la boca en cuanto su mujer le mira autoriatariamente)


MUJER.- (sigue poniendo la mesa). Este año no será necesario hablar de lo que no se debe hablar en la mesa. Cosas que nosotros no entendemos... Que no fueron hechas para ser tratadas por familias normales. La política y los asuntos del mundo deben quedar en los despachos de los que saben. No hay más que hablar a este respecto. ¿Te gustan estas servilletas? Las compré de oferta, no estan mal ¿verdad?


HOMBRE.- (Sin mirar). Si si, muy buena compra. (Da vueltas a su copa de anís). No sé, no me acabo de encontrar demasiado cómodo con esta nueva tradición.


MUJER.- (Colocándo los platos con entrantes). No es nueva hombre, lo que pasa que hasta el año pasado no había hecho falta. En mi familia, cuando era pequeña, se hacía mucho. Además que eran tiempos difíciles claro... El año pasado nos salió muy bien, y nos quedamos todos la mar de a gusto.


HOMBRE.- (Un poco aterrorizado) Bueno a gusto a gusto no se si sería lo apropiado. Los chicos no sabían nada, y no hacían más que preguntar por el tio Juan...


MUJER.- (hartándose de la conversación). Bueno tú tampoco dijiste nada, como no lo has dicho esta vez, asi que mejor calla, o me veré obligada a que la tradición continúe... (Le mira amenazante). Se supone que debemos aprender la lección, En la mesa no se habla de ciertos temas, ¿me estoy explicando con claridad?


HOMBRE.- (Asustado). Si si querida, con mucha claridad. 


( Pausa de unos segundos. Desde fuera se oyen las voces de María que llega con su Marido y su primo Luís)


MARIA.- ¡Mamá! (entran). Hola mamá, hola papá (se acerca a ellos y les da besos y abrazos, su Marido también lo hace)


LUIS.- (En broma). ¡La vieja tia Aurora! qué digo vieja, ¡estás fantástica tía! (La coge en brazos y da una vuelta con ella en volandas, ríen).

MUJER.- ¡Uh! ¡Luis, por favor! (volviendo al suelo). No sabía qué venías (mirando con suspicacia a su marido) Te hacía por las américas.

LUIS.- (Alegre). Pues sí, pero volví hace dos días en plan sorpresa. Mañana iré al pueblo a ver a mi madre y al resto. He venido exclusivamente para darte la sorpresa y ¡ponerte un poquito nerviosa vieja cascarrabias! (bromeando y riendo a carcajadas).

MUJER.- ¡Ay querido! No me molestas en absoluto. (Fría y entrañable al mismo tiempo). Sentaos sentaos, en cuanto venga Andrés servimos la cena.

MARIA.- ¿Qué hay de cena mamá?

MUJER.- (seca y siniestra). Caldereta. (sonrie).

MARÍA.- ¡Genial! Lo tuyo desde luego son los platos de cuchara, el año pasado el estofado de venado te quedó increible.

(El Hombre mira a María aterrorizado. La Mujer guarda silencio y mira a su hija con una siniestra ternura)

MUJER.- (Acariciando la mejilla de su hija). Gracias cariño, me alegro de que te gustara. La caldereta de hoy es de toro, ha sido algo más laborioso. La carne de toro es muy ruda ¿sabes? Demasiado... salvaje, digamos.

MARIA.- (Aturdida por el tono). Seguro que te ha quedado muy tierna.

MUJER.- Tanto que se te deshace en la boca.

(Silencio incómodo).
 

LUIS.- (Rompiendo el hielo) ¿Y mi hermano?  Me dijo que vendría.

(La Mujer mira al marido instándole a responder)

HOMBRE.- (Nervioso). No no, se ha ido al pueblo.

LUIS.- (Sorprendido). ¿Ah si? Que extraño, me dijo ayer que le encontraría aquí.

HOMBRE.- Vino ayer pero se fue.

LUIS.- Le llamaré entonces, a ver si ha llegado bien.

HOMBRE.- No no, no tiene cobertura. Ya lo he hecho yo y no funcionan los teléfonos.

MUJER.- (Empezando a impacientarse) Pero sentaos por favor, Andrés estará al caer.

(Comienzan a sentarse. La Mujer se dirije hacia la cocina al fondo).

EL MARIDO.- (Recordando) Oye y ¿el tío Juan?

MUJER.- (Levantando la voz). ¡Tampoco! (sorpresa de todos y silencio. La miran sorprendidos por la reacción). Quiero decir que ya me dijo el año pasado que no vendría nunca más a esta casa, Digo yo que se aburrirá. Ya sabeis, vuestro tío es... Un tanto peculiar.

(Se miran todos extrañados. El Hombre se pone cada vez más nervioso, se bebe la copa de un trago y se sirve otro anís. Se oye la voz de Andrés entrando).

ANDRÉS.- ¡ Hola! ¡Feliz navidad a todos!

(Se levantan y se abrazan. Se acerca a la Mujer).

ANDRÉS.- (Abrazándola). Hola mamá. (Mirando a su padre) Papa, (abrazándole) ¿qué te pasa? Tienes mala cara...

MUJER.- Será el anis... Ya lleva unas cuantas. (A su marido), dejalo ya ¿no?


(Todos se sientan. La Mujer trae una olla enorme. Todos exclaman).
 

LUIS.- ¡Ole y ole! Y eso que yo no estoy de acuerdo con todo lo taurino, me da pena el animal... Pero tengo que reconocer que esto huele increíble.

ANDRÉS.- Bueno pero es una tradición hombre, de eso no cabe duda.

LUIS.- ¿Tradición? Sí, tradición será porque se hace desde mucho tiempo atrás, pero eso no justifica el sufrimiento y la tortura del animal.

ANDRÉS.- Jajajajajajaja ¡querido Luis ! ¡Los toros no sufren! ¿De verdad eres de esos hippies que creen que las bestias sufren?

LUIS.- Claro primo, se me olvidaba que eras un creacionista, y que si Eva no hubiera mordido la manzana nosotros tampoco sufriríamos.

ANDRÉS.- (Tenso). Mira Luis, no quiero empezar discutiendo...

LUIS.- (le corta) ¿quién discute primo? Solo digo que...

MUJER.- ¡Basta! No lo permitiré. Espero decirlo sólo una vez en toda la cena: en la mesa ¡no! se habla de ciertos temas.

ANDRÉS.- Vale mamá, perdona.

LUIS.- (socarrón). En fin, palabra del señor...

HOMBRE.- (muy nervioso). ¡Luis guapo! Come anda, y déjalo estar.

MARiA.- Estás muy raro papá... Estás sudando mucho.

MUJER.-  Es por la caldereta ¿verdad querido?

HOMBRE.- (Abanicándose). Sí, sí. Está ardiendo.

MUJER.- Comeros primero los entrantes.

LUIS.- Yo voy a llamar a mi hermano. (Coge el teléfono y se levanta de la mesa).

HOBRE.-  (Se levanta de golpe y se avalanza sobre Luis). ¡No!

(Todos se asustan)

LUIS.- Pero ¿que haces haces tio? ( tiene el teléfono por encima de su tío y ya está llamando).

(La Mujer se autocontrola mientras el resto se rien de la cómica situación. Se oye un teléfono, el de el hermano de Luis, todo el mundo se para para escuchar el teléfono).

LUIS.- (estupefacto al escuchar el teléfono de su hermano) ¡Mi hermano! (mira al Hombre) ¿Por qué está aquí su teléfono? ¿Por eso no querías que le llamara?

HOMBRE.- No hombre (temblando), se lo debió de dejar ayer aquí ( el teléfono sigue sonando, Luis se da cuenta de que está en el bolsillo que su tío).

LUIS.- Y ¿qué? ¿Se lo dejó en tu bolsillo?

(La Mujer comienza a no poder contener la ira)

MUJER.- Chicos por favor, sentaos, esto no procede en la mesa.

(El Marido, que está comiendo en silencio, se encuentra un dedo en la caldereta).

MARIDO.- ¡Hostias! (con arcadas) ¡Un dedo! ¡Joder, un dedo!

MARÍA.- Pero cariño ¿que dices? (ve el dedo) ¡Oh! ¡Dios mío! ¡Dios mío!

LUIS.- ¿Qué coño significa todo esto? (muy nervioso).

MARIDO.- (Dándose cuenta de todo) ¡Oh joder! ¡Oh no! y ¿el tío Juan?

(Miradas de terror).
MUJER.- (gritando). ¡Como ya he dicho! (bajando la voz). En la mesa, no se habla de ciertos temas. (Levanta su copa sonriendo). Feliz Navidad a todos.

TELÓN         





    


  

                    

miércoles, 25 de diciembre de 2013

"Fun, fun, fun"


Un callejón sin salida desierto y lleno de basura. Sólo la luz de una farola cenicienta ilumina de sombras el lugar. En la lejanía se oyen sirenas. Jesús, de unos cuarenta años, moreno y con barba, está tendido sobre un montón de basura, bebiendo continuamente de una litrona. Lleva puesto un asqueroso disfraz de Papá Noel que le queda demasiado grande. A un lado, una bolsa de deporte.


Jesús: (Desafinando.) ¡Veeeeeeeeeeeeinticinco de diciembre! (En vez de cantar el “Fun, fun, fun”, lanza tres escupitajos de cerveza al ritmo. Tras unas risas, sigue desafinando.) ¡Feliz Navidad, feliz Navidad, próspero año y felicidaaaaaaad! (A la bolsa.) ¡Feliz Navidad a ti también, amigo! (Da un trago de la litrona.) ¿Sabes que hoy en día todo el mundo opina algo sobre la Navidad? (Interpretando de forma diferente cada “personaje”, con tonos de voz y posturas radicalmente distintos. Un hippy.) “Qué terrible, la Navidad otra vez.” (Un ama de casa.) “Cariño, ya es noviembre, a ver si vamos pensando en los regalos de los niños, que se nos echa el tiempo encima.” (Un hipster.) “Y las comidas con la familia, no hay nada más pasado que eso.” (Una snob de clase media.) “¿Y la cantidad de dinero que te tienes que gastar? Todo para llegar a la cuesta de enero con unos cuantos kilos más, hacerte el propósito de adelgazar, gastarte más dinero aún en apuntarte a un gimnasio al que tardas dos semanas en dejar de ir, y vuelta a empezar.” (Una punky colocada.) “¿Y las multinacionales?” (Un cateto de provincias, pidiendo que lo orienten.) “¿Y el Corte Inglés?” (Una marica loca.) “¿Y María Carey? (Gradualmente, vuelve a su tono de voz y su postura) Lo de María Carey sí que es un crimen, vamos a tener una conversación de media hora sobre una puta mierda que me suda la polla, claro que sí.” (Bebe un gran trago.) No, la puta María Carey tiene dos pares de cojones. Hasta el culo de pasta y lo único que hace es salir cada doce meses y cantar (Desafinando.) “Ooooooool ai güan for crismaaaaaaaas is (Dando un agudo horrible e imposible.) YUUUUU”. ¡Y más pasta “pa” la saca! (Bebe otra vez.) Esa zorra me puede comer el forro de los cojones. A mí me encanta la Navidad. Se me suben a la polla los regalos, los niños, las comidas, el gimnasio, las multinacionales, el Corte Inglés y la puta María Carey, y por eso me encanta la Navidad. ¿Qué problema hay? (Pausa. Como nadie contesta, coge la bolsa de deporte y empieza a hablarle.) Mira, yo nací el veinticuatro de diciembre por la tarde. A las siete y treinta y nueve, exactamente, estaba mi madre echándome por su santo coño. Y digo madre porque era una reinona de tres pares de cojones. Y digo santo porque, que Dios la bendiga, fue a parirme el mismo veinticuatro de diciembre. Podía haberse aguantado un poco más y parirme el veinticinco, así por lo menos habría tenido algo interesante que contar. Porque interesante, lo que se dice interesante, poco te voy a contar yo. (Bebe otra vez.) Pero nada, el veinticuatro. Ah, y a esto que estoy saliendo por su santo coño (remítase a explicación anterior) piernas primero, como no podía ser de otra forma, porque los médicos estaban comiendo polvorones a dos manos, y le viene la inspiración de ponerme Jesús. Me cago en la hostia, que la zorra me puso Jesús. Y manda cojones que tuvo que inspirarse precisamente en ese momento. Que mi madre es una mujer de provincias, más simple que el mecanismo de un chupe, de las de la “o” con un canuto y gracias. Ahora, eso sí, otra cosa no, pero mala leche… (Niega la cabeza con desaprobación, cada vez más cabreado.) Si aquí estoy, en Navidad, vestido como el puto Samuel Byck de Assassins, en plena huelga de basuras de Madrid, con una bolsa de deporte que probablemente tenga una cabeza dentro, y con una litrona que seguramente no tendrá nada más que agua. ¿Crisis creativa? Que me coma la polla la crisis creativa. (Tras darle un último sorbo, tira la litrona a un rincón, que se hace añicos, y luego la bolsa al suelo. Al público.) En fin, que sí, que la Navidad me encanta, que cada año me pongo esta mierda de traje y salgo a cantar villancicos y a hacer mi buena obra, que intuyo que tendrá mucho que ver con la cabeza que hay metida en la bolsa. Y todo porque la madre que me parió me puso Jesús pero me parió un día antes de tiempo mientras sonaba el puto Ol ai güan for crismas is yu. Traumas, traumas, bla, bla, bla, se acaba el papel. Me voy a esconder la cabeza, no sea que esas sirenas sean la policía, aunque vete tú a saber. (Coge la bolsa, se la echa al hombro y se dirige a la salida. Mientras camina, grita al cielo.) ¡Me voy, madre! ¡No sé qué has pretendido hacer aquí, pero te has lucido! ¡Dile a Don Carlos que se ponga a régimen, que está muy gordo ya! (De repente, se detiene y se dirige al público con una sonrisa grotesca.) Feliz Navidad. (Se aleja, desafinando de nuevo.) Veeeeeinticinco de diciembre, fun, fun, fun.

Empieza a nevar. Las paredes del callejón se abren épicamente mientras la silueta de Jesús se recorta en un horizonte de basura.

domingo, 22 de diciembre de 2013

"Queridos Reyes Magos:"


“Queridos Reyes Magos:
Perdonad que no me presente, pero estas fechas no son mis favoritas. Digamos que el gordo barbudo vestido de rojo nos tiene explotados. No en el mal sentido de la palabra, claro, porque llevar regalos a todos los niños buenos del mundo en tan solo una noche es un gran trabajo, pero prefiero seguir manteniendo mi anonimato… Nunca sabes quién puede delatarte y acabar en cualquier granja de Nevada como atracción de feria.
Si hay algo que no soporto es el calor y al típico yankee que se burla de mi profesión, poniéndole mí nombre a una ciudad. Como si fuera fácil servir al gordo y a su panda de esclavos, todo el día gritando, saltando de un sitio a otro, sin dejarnos descansar… Digamos que esta carta sirve para alzar la voz de mi pueblo, desde luego no somos muchos pero, ¿Qué puedo decirles a ustedes que no sepan? Cualquiera se enfrenta al duro entrenamiento al que estamos sometidos, a la dieta, a la moda que la mujer del barbudo nos hace llevar. ¿En qué clase de mundo a conjuntado el rojo y el verde? Como decía, somos pocos, pero exigimos nuestros derechos y estas Navidades estamos en busca de nuevos patrocinadores. Evidentemente, la competencia es poca y tenemos que ir siempre a los más conocidos, según esta la cosa cualquiera acepta contratos de cualquiera. Nos encantaría poder salir en los videoclips de Lady Gaga como la parte rica de nuestra familia, pero nosotros servimos por un bien común y… Que nos encantan la leche con galletas que los niños nos dejan en el alfeizar de la ventana cada Nochebuena, para que vamos a mentir.
Señores de Oriente, sabemos que ustedes ya tienen su medio de transporte pero ya saben aquello que dicen de “renovarse o morir”. Con la fusión de nuestras empresas por fin podríamos terminar con el monopolio al que Papá Noel tiene sometido a la Navidad. ¿No es irónico que se haga llamar Papá y no tenga hijos?
Mi pueblo está harto de mentiras y necesita seguir creciendo para sentirse realizados. Estas Navidades pedimos ser libres por fin de la mano de acero que cae sobre nosotros. Queremos dejar de llevar las colonias de Britney Spears a cada rincón del mundo y quemar todas las copias de los villancicos que un día Mariah Carey versionó. Con o sin su estimable ayuda, Señores de Oriente, conseguiremos superar la represión a la que nos vemos sometidos. Esperamos fervientemente que atiendan a nuestras peticiones y sean partidarios de esta gran rebelión que verán en breves. No olviden que sin nosotros, probablemente, la navidad no existiría. Estamos abiertos a cualquier encuentro siempre que aquella estrella de la que tanto se habla nos guíe hasta nuestro destino. Adjuntamos nuestro curriculum vitae al final de esta misma carta.


Att: Rudolph, el reno de Papá Noel & Cía.